Homenaje a 'El Cordobés' en Almodóvar del Campo

Homenaje a ‘El Cordobés’ en Almodóvar del Campo

Homenaje a ‘El Cordobés’ en Almodóvar del Campo

Recibió del alcalde la medalla municipal en el acto organizado por el Club Taurino

El Teatro Municipal de Almodóvar del Campo vivió anoche una de las veladas más apoteósicas, emocionantes y memorables que se recuerdan en la historia de su afición taurina con motivo del homenaje brindado a Manuel Benítez ‘El Cordobés’, en la tercera jornada de la XXXV Semana Cultural organizada por el Club Taurino ‘Almodóvar’.

El recinto estuvo lleno incluso hasta en su segundo anfiteatro, con la presencia de público no solo de la localidad, sino de numerosas y diversas procedencias, que asistieron al diálogo íntimo, vibrante y lleno de duende entre el V Califa del Toreo y el reconocido periodista sevillano Víctor García-Rayo, en una velada plena de sorpresas emotivas.

Su relación con Almodóvar del Campo

A sus 90 años de edad, Manuel Benítez, con una especial relación con Almodóvar del Campo, donde nunca toreó, pero cuyo hijo Rafael, su nuera Elena y su nieto Lucas han trabado amistades desde la farmacia que regentan en la Plaza de San Benito, encandiló derrochando agilidad mental, desparpajo, una arrolladora vitalidad física y ese gracejo inconfundible con que conmocionó a la sociedad española desde los años sesenta.

Parar el tiempo

Al encenderse los focos, Víctor García-Rayo situó la magnitud del invitado aseverando que “he entrevistado a héroes, a genios, a valientes, a algún faraón… y hoy a un califa, cara a cara delante de ustedes. Se habla con frecuencia de toreros que paran el tiempo, pero el caballero que tienen aquí ha parado el tiempo de la política, de la sociedad, de la economía, de las casas, de las calles y de las tiendas; el tiempo de un país entero en sus manos. Díganme tres o cuatro toreros de toda la historia sin nombrarlo a él… es imposible”.

Así, preguntado sobre qué siente como una de las personas más queridas de España, Benítez reconoció que “no te da tiempo a pensar, porque llevas tanta velocidad por dentro que lo ves todo fácil. Aquí no hay nada fácil, pero vas caminando, caminando y lo ves fácil”.

La dura vida de los comienzos

Adentrándose en el relato descarnado de su infancia y de las penurias de la posguerra en su Palma del Río natal dijo que “no conocí a mis padres, éramos cinco hermanos, sin casa, viviendo en un corralón con un corcho en el suelo y unas mantas” y, como “me tenía que buscar la vida”, acabó yéndose de su pueblo, donde ya tuvo andanzas con la Benemérita.

En ese trance de miseria descubrió el toro por puro azar. “Yo de toros no sabía nada. Un día pasé por un barranquito y vi un toro bravo de don Félix Moreno escarbando. Me asusté, me subí como pude a un alambre y me agarré a un árbol. Empecé a gritarle: ‘¡Eh, eh!’. El toro escuchó la voz, se quedó mirando y, en vez de venirse hacia mí, salió corriendo campo a través. Ahí fue cuando yo me vine arriba; si el toro llega a venirse hacia el árbol, allí me quedo, muerto”, confesó.

Vocación

A partir de aquel instante brotó una vocación irreductible que le llevó a padecer los rigores de la vida de maletilla, hasta el punto de que “me cogieron y me metieron en la cárcel grande de Córdoba tres meses y medio por la Ley de Vagos y Maleantes siendo un chavalillo”. Allí supo de la crueldad que a su edad se le puede infligir a un crío. “Fue una lucha muy dura que me sirvió para ser capaz de tirar para adelante”.

Aludió luego a su celebérrimo salto al ruedo de Las Ventas como espontáneo, donde tras tirarse “me cogió el toro contra la barrera y me llevó pegándome por la plaza; solo me hizo una raya en toda la columna vertebral y de allí me mandaron tres semanas a la cárcel de Carabanchel”.

El alquiler de vestidos

Entre otros, cuando pudo comprarle una casa a su hermana Angelita tras cobrar 80.000 pesetas en una novillada en Córdoba. “Le dije: ‘O te visto de luto o te compro una casa’. Cuando la compré, ya no quise morir, quise vivir”. Vivir al fin y de la tauromaquia, no sin antes lucir vestidos para torear alquilados, que “olían a perros muertos”, dijo, hasta que al final tuvo los suyos propios, fijando como sus colores de cabecera el tabaco y el grana.

Y entrando de pleno en faena sobre su genio y figura, refirió que “aquí no se puede poner uno un traje de luces para mirarse al espejo; hay que dejarse las tripas en los pitones del toro o no te lo pones”, aunque desdeñó en cierta manera lo que generalmente se entiende del concepto del valor, apelando a pautas puramente atléticas.

‘El valor no existe’

“Para mí, el valor no existe; dirán que se me ha ido la cabeza, pero el valor está en la preparación física y mental. Yo no tengo valor, lo que tengo es una preparación muy fuerte”, compartió con los presentes. Para reforzar el argumento, aludió a las limitaciones físicas de Juan Belmonte, pese a lo cual “acortó los terrenos como nadie”. A este respecto el veterano maestro se pondría luego en pie para demostrar sobre el entarimado su rutina cotidiana de mantenimiento físico.

Así pues, mostrando las secuelas en sus muñecas de “tirar de los toros para ligar muletazos en el mismo sitio”, realizó flexiones, estiramientos y movimientos articulares emulando el comportamiento animal. “Yo estudio a los animales; me fijo en las cigüeñas y en los monos. Si los monos se quedaran parados, se atrofiarían; la salud hay que buscarla todos los días, no podemos sentarnos a decir que queremos jubilarnos porque nos quedamos sin músculo”.

El salto de la rana

Tan espontáneo momento provocó el entusiasmo y los aplausos del Teatro, bromeando Manuel Benítez con ejecutar en directo su célebre ‘salto de la rana’ y tras sentarse de nuevo en el butacón, su hijo Rafael le ayudó a recomponerse en un gesto de cariño que García-Rayo no dudó en elogiar como “el hermoso detalle de un hijo acudiendo como el mejor mozo de espadas”.

De su concepción del toreo y la complicidad con los públicos, se preguntó retóricamente “¿Torear para uno mismo? ¿Para qué quieres torear para ti?”, reconociendo que “hay que torear para el que paga la entrada, para que disfrute y vuelva. Yo mandaba rayos láser al público, el público me los devolvía a mí y acabábamos todos toreando felices”.

El empresario taurino

En esa reflexión sobre el espectáculo taurino, Manuel Benítez tuvo en otro momento un reconocimiento expreso hacia empresarios que lo hacen posible, con especial referencia a la figura de Pepe Cutiño, cuyo hijo, Jorge, regenta el coso almodovareño bajo la firma Arenas de San Nicasio. “Un respeto a ellos; son los que de verdad montan el festejo”, subrayó el diestro, ensalzando también el periodista la trayectoria y seriedad de una saga que, presente anoche en el acto, calificó de “buenos apoderados y buenos empresarios”.

Sus tardes de gloria en Las Ventas

Rememoró asimismo sus grandes efemérides en Las Ventas cortando ocho orejas en dos tardes consecutivas y el rabo concedido en la Maestranza a un toro de Carlos Núñez por un presidente ‘currista’, lo que aprovechó en inciso de la conversación para enviar un saludo cariñoso a Curro Romero: “A ver si se recupera el maestro, que está malito el pobre”.

Y admitió que una lesión de hombro producida por un novillo le impidió durante toda su carrera entrar a matar por derecho al no poder alzar el brazo, obligándole a recurrir a la media estocada y al descabello. Asimismo, repasó las cornadas más graves de su trayectoria, destacando dos percances severos en las ingles y una herida dramática en Bogotá donde quedó “boca arriba echando sangre”.

Los ataques de la prensa

Preguntado por su relación con la prensa de la época, Benítez evocó con humor los ataques de la crítica y en particular de Antonio Díaz-Cañabate. “A mí me daban leña, pero me hacían un favor muy grande: mientras peor hablaban de mí, más llenaba las plazas y más orejas cortaba. Cañabate se murió sin darme la mano, pero un día reconoció que no me hacía más crónicas en contra porque cada vez me ponía más arriba”.

Artísticas sorpresas

Entre tantas confidencias, la velada estuvo salpicada de momentos de puro arte que tocaron el corazón del protagonista de la noche. El primero fue el de su nieto Lucas, quien desde su ilusión de niño subió al escenario tras irrumpir en el patio de butacas interpretando con voz inocente y sentida el pasodoble compuesto en honor a su abuelo.

Composición flamenca

Ya en el ecuador del homenaje, los hermanos Cabezas, del conocido grupo sevillano ‘El Serranito’, entonaron la composición flamenca ‘Rodeado de naranjos’, cuya intrahistoria reveló el propio diestro al recordar que compuso su letra original como homenaje a Palma del Río por estar abrazada por los ríos Guadalquivir y Genil. En ese instante, Manuel Benítez se arrancó a cantar a capela junto a ellos y su pareja, María Ángeles Quesada.

Intervenciones de Carmelo García y José Lozano

Y en los compases finales, el presidente del Club Taurino ‘Almodóvar’, Carmelo García, expresó primero la emoción de la entidad, al reconocer que “cualquier asociación sueña con tener en sus actos a Manuel Benítez ‘El Cordobés’; hoy ese sueño se ha hecho realidad gracias a su hijo Rafael, a nuestro empresario José Cutiño y a la colaboración del Ayuntamiento. Maestro, aquí tienes tu pueblo, tu club taurino y amigos para siempre”.

El alcalde, José Lozano, cerró este turno de intervenciones institucionales elogiando el magisterio de García-Rayo y la arrolladora personalidad de ‘El Cordobés’, ensalzando con emoción el arraigo de la familia Benítez en la localidad a través de su hijo Rafael Benítez, farmacéutico en la plaza de San Benito e integrante de un coro navideño de amigos, y de su nuera Elena Arregui, médica oncóloga en el Hospital General de Ciudad Real.

Agradecimiento

El homenajeado, desbordado de felicidad y agradecimiento, entre vítores y aplausos unánimes, agradeció el gesto y reconoció estar “contentísimo de venir a nuestro pueblo, donde me encuentro tan a gusto. Se me ha hecho el tiempo nada; yo quiero más guerra, pero este rato se me va a quedar grabado para toda la vida. Esto me da un tirón muy grande para seguir navegando la vida. Muchas gracias a todos y espero que nos volvamos a ver pronto, pero toreando en un festival”.

 

Chicuelinas y Tafalleras
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