Talavante y David de Miranda a hombros en Almodóvar del Campo
Se lidió una buena corrida de Santiago Domecq
Ficha
Plaza de toros de ‘Las Eras de Marta’ de Almodóvar del Campo (Ciudad Real). Corrida de toros de la Feria. Cartel de ‘no hay billetes’. Reses de Santiago Domecq, el 3º, ‘Toledano’, nº 20, premiado con la vuelta al ruedo.
Morante de la Puebla: Silencio y Ovación.
Alejandro Talavante: Dos orejas y Ovación.
David de Miranda: Dos orejas y rabo y Dos orejas.
Comentario
Morante de la Puebla
‘Alabardero’ de Santiago Domecq abrió plaza en Almodóvar del Campo. Un astado que salió sin definir de chiqueros y que no permitió el lucimiento capotero de Morante, excepto en una verónica sobresaliente. En la muleta arrancó la faena el cigarrero con unos ayudados por alto con mucho sabor y torería con los que se salió al tercio. Allí le planteó la faena. Mejor por la derecha por donde llegó el toreo más arrebatado y templado de Morante. Tandas ligadas, de gran ajuste y mucha transmisión a los tendidos. Por la zurda protestaba más el animal. Estocada casi entera al tercer intento y varios golpes de descabello. Silencio.
El cuarto de la tarde fue un toro bastante informal y, por momentos, con peligro. Morante de la Puebla poco pudo hacer con el capote. Con la muleta realizó un esfuerzo ante un toro incierto, que no regalaba las embestidas. Morante se puso con pureza y clasicismo por el pitón derecho, consiguiendo una tanda importante y de mucha exposición. Por la izquierda no tenía ni uno. Volvió a la diestra, pero el toro, que embestía por dentro, fue cada vez a peor. Morante desistió y se fue a por la espada. Pinchazo hondo al segundo intento y descabello. Palmas.
Alejandro Talavante
Vistoso recibo de capa de Talavante al segundo de la tarde, con faroles, chicuelinas y una buena media para rematar. Vibrante fue también el quite del extremeño con el capote a la espalda, cambiándole el pitón al toro. El de Santiago Domecq tuvo gran clase y transmisión en la muleta, aunque terminó rajándose. Talavante realizó una gran obra, principalmente al natural. Comenzó con unos estatuarios en el tercio, muy firmes y de mucho valor. Hubo mucha ligazón en tandas de mano baja, con la muñeca rota del extremeño. Cambios de mano eternos, naturales de cartel y pases de pecho a la hombrera contraria. Cerró la faena con una gran tanda en redondo, muy poderosa. Estocada entera. Dos orejas.
Talavante lanceó de manera templada a la verónica al quinto de la tarde, un toro que se abría bien a los vuelos del capote del extremeño. El toro fue excepcional en la muleta, con una gran clase, sobre todo por el pitón izquierdo. Talavante se fue a los medios para brindar al público y el toro se arrancó hacia él. El extremeño improvisó y dejó una gran tanda de naturales, totalmente abandonado. Brindó y se echó de rodillas en tierra para dejar unos pases por alto y dos por la espalda. La faena fue a más. Primero en redondo, con unas tandas de mucha profundidad y ritmo. Con la zurda llegó lo mejor: naturales de gran plasticidad, con los riñones metidos y corriendo la mano. El toro embestía ralentizado, como un carretón. Los pases de pecho, a la hombrera contraria. Talavante mostró su mejor versión. Cerró la faena con unas bernardinas ajustadas. Estocada al cuarto intento. Ovación.
David de Miranda
Con muchos pies salió el tercero de chiqueros. David de Miranda no pudo estirarse de verdad a la verónica y optó por torear para el toro. Firmó un quite de mucho mérito por saltilleras, muy ajustadas, cambiándole el pitón, que caló con fuerza en los tendidos. Con la muleta cuajó al de Santiago Domecq, un toro de gran clase, entrega y ritmo. De Miranda comenzó de rodillas en el tercio, con unos ayudados por alto que ya presagiaban una faena de cante grande. El de Trigueros estuvo muy firme y poderoso. Las tandas en redondo fueron largas, profundas y de mano baja. Tras dos tandas, se pasó a la zurda y el toro sacó todavía más clase. Los naturales, con los vuelos y media muleta, surgieron con pureza: apenas girando los talones y con la figura erguida. Después acortó las distancias y le formó un auténtico lío. Un arrimón antológico, toreando en redondo con media muleta y dejando que el toro le oliera las pantorrillas. De Miranda habitó con enorme seguridad en los terrenos del toro. Culminó la faena de una gran estocada. Dos orejas y rabo para David de Miranda y vuelta al ruedo para el toro.
El sexto fue un toro que manseó de salida y que no permitió el lucimiento de David de Miranda con el capote. Dispuesto y con mando, el de Trigueros comenzó la faena por bajo, abriéndole los caminos con una rodilla en tierra. Pronto descubrió al toro, que tuvo un temple y una calidad sobresalientes. No fue fácil: requería esperarlo, darle sus tiempos y encontrar los toques precisos. David de Miranda lo entendió a la perfección y dejó un toreo muy poderoso en redondo, en ocasiones sin permitir el toro la ligazón, por lo que los muletazos tuvieron que ser de uno en uno. Ralentizó las embestidas del toro, que llegó a gatear por momentos. Con la zurda también consiguió muletazos cumbres. Estocada entera. Dos orejas.

