Talavante y Juan Ortega, por encima de los toros en Castellón
La última corrida de la Feria de la Magdalena estuvo condicionada por el viento y la poca raza de los astados de Domingo Hernández
Ficha
Plaza de toros de Castellón. Feria de la Magdalena. Octavo festejo del ciclo. Quinta corrida de toros. Cornúpetas de la divisa de Domingo Hernández, bien presentados pero bajos de raza y de motor. El 2º y el 3º tuvieron calidad y clase pero se rajaron muy pronto y se vinieron abajo. El 5º se lidió como sobrero.
Alejandro Talavante: Silencio, Silencio Silencio tras aviso.
Juan Ortega: Saludos tras aviso, Silencio y Silencio tras aviso.
La corrida con la que se cerró la Feria de la Magdalena 2026 estuvo marcada por el fuerte viento, que en muchos casos impidió que los toreros se salieran a los medios con los toros, y la poca raza de los ejemplares del hierro salmantino. Alejandro Talavante y Juan Ortega porfiaron con sus antagonistas y rayaron a gran altura por momentos pero la tarde no acabó nunca de romper.
1º ‘Posadero’, nº 108. El primero evidenció ya de salida una más que que clara falta de fijeza. Cumplió sin más en el caballo de picar y apretó a los banderilleros en el segundo tercio. Fue un animal simplón, noble pero sin entrega y con el depósito de la casta muy al límite. Lo intentó Talavante, que se marchó pronto a por la espada. Estocada corta trasera. Silencio.
2º ‘Santurrón’, nº 102. En los primeros tercios no hizo cosas buenas el segundo de la suelta. No se empleó en varas, salió suelto del peto y echó la cara arriba. Meritorias pares de banderillas colocaron Miguel Ángel Sánchez y ‘Perico’ con el toro buscando la querencia. Con unos toreros doblones por bajo inició la faena Juan Ortega, que logró los momentos álgidos del trasteo con la mano derecha. Por ahí llegaron varias tandas de reunión, de temple y de ligazón de los muletazos del diestro sevillano. El animal de Domingo Hernández sacó nobleza y clase pero estaba escaso de empuje y de motor. Por ello, al quehacer de Juan Ortega le faltó emoción. Concluyó su labor con unas manoletinas de personal interpretación. Pinchazo y espadazo desprendido. Saludos tras aviso.
3º ‘Estirado’, nº 59. El tercero fue el mejor de todo el encierro de Domingo Hernández. El animal empujó en el peto con fijeza. Alejandro Talavante inició faena con muletazos por alto, dejándole la franela puesta adelante para que repitiera el cornúpeta. Con el burel rajado, el torero pacense le cuajó un trasteo importante, de muletazos muy ligados, de figura encajada y asentada en los riñones. Mejores resultaron las series con la derecha ya que por el lado izquierdo el toro se marchaba enseguida de la jurisdicción del matador. Pinchazo, pinchazo hondo y dos descabellos. Silencio.
4º ‘Detonador’, nº 68. El que pisó el ruedo en cuarto lugar se le cruzó de salida en el capote a Juan Ortega, sin emplearse en ningún momento. También se le coló al lidiador Miguel Ángel Sánchez. Buen puyazo le recetó José Palomares. El astado presentó serias dificultades, a lo que se añadió el fuerte viento reinante que hacía imposible manejar los engaños. Pronto se fue a por el estoque de acero Juan Ortega. Media estocada arriba y descabello. Silencio.
5º ‘Truhan’, nº 52. El quinto que tampoco mostró entrega en los avíos ni en el caballo de picar, fue devuelto a los corrales por la poca fuerza.
Sobrero: ‘Lustroso’, nº 50 (Domingo Hernández). El animal que salió por chiqueros como sobrero no enmendó tampoco lo realizado por el resto de reses enlotadas por la vacada de Domingo Hernández. Muy deslucido, reservón y manso el ejemplar del hierro de Salamanca. Talavante lo pasaportó de dos pinchazos y estocada tendida. Silencio tras aviso.
6º ‘Enfrascado’, nº 41. Cuando saltó al ruedo el sexto toro de la corrida, el público ya estba frío como la temperatura ambiental y resultó imposible levantar el festejo. Corretón y muy suelto desde el comienzo el burel de Domingo Hernández. En la huida de manso, volteó sin consecuencias al sobresaliente ‘Chapurra’. El inicio de faena por bajo de Juan Ortega fue magnífico, de una gran torería y sabor añejo. Después el astado se vino abajo con estrépito, aburriéndose de embestir. La mejor tanda de la labor llegó en la parte final, con la mano diestra. Falló con la espada. Silencio tras aviso.
Crónica: Carmen de la Mata
Fotos: Manolo Navarro

