Ponce, el consentido de La México

Ponce, el consentido de La México

Ponce, el consentido de La México

El torero valenciano dijo adiós a los ruedos cosechando un nuevo triunfo en el Coso de Insurgentes. Compartió la puerta grande con Diego Silveti

Ficha

Plaza de toros Monumental de México. Quinta corrida de la Feria de Aniversario. Casi lleno en la zona numerada y más de media en el departamento general. Se lidiaron siete débiles ejemplares de la dehesa queretana de Los Encinos siendo uno de ellos de regalo, destacando el primero y el tercero además del regular séptimo. Lo demás, para el arrastre.

Enrique Ponce: Palmas, Ovación y Dos orejas en el de regalo.

Diego Silveti: Dos orejas y Palmas.

Alejandro Adame, que confirmó alternativa: Oreja y Palmas.

Incidencias

Tras la lidia del quinto toro tras 31 años como socio activo de la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros y cerca de los 50 años de vida, se despidió de los ruedos el banderillero Fernando García Araújo, siendo su hijo Fernando García López quien le cortó el añadido.

Antes de que saliera el cuarto toro de la tarde, saltó al ruedo un espontáneo tlaxcalteca pidiendo una oportunidad de nombre Enrique Reyes Ronquillo.

Y cuando Enrique Ponce terminada de brindar el toro de regalo, se le tiró otro espontáneo, el colombiano Mikel Ramírez, quien al lograr zafarse de las cuadrillas y de la autoridad tuvo la fortuna de ligar tres estupendos naturales ante la complacencia y apapacho de Enrique.

Enrique Ponce
Segundo

El valenciano Enrique Ponce, a su primero, débil, pero, de buena voluntad para embestir, lo lanceó bien. Con la sarga, tras la devolución de trastos, dio algunos pases de inicio, pero el astado se le derrumbaba. Lo fue estudiando, sobando y media altura, le logró algún pase meritorio, sin embargo, el encinero era un inválido. Terminó de estocada baja y tendida para escuchar aplausos.

Cuarto

Ponce, en su segundo, «Protagonista», 24 y con 495 kilos, el de su adiós de México, capoteó de forma bien intencionada y estudiosa. Con la franela, el de Chiva, Valencia, inició doblándose suavemente para instrumentar, bajo las sentimentales notas musicales de Las Golondrinas, una faena en la que el alma y el corazón de Ponce si querían, pero la debilidad de su antagonista no le dejaba explotar todo eso que llevaba dentro y, que sólo por chispazos de arte, se pudo disfrutar muy a pesar, se reitera, de las enormes intenciones de quien ha sido el matador que más ha toreado en la historia del toreo. Concluyó de atinada estocada y la gente se le entregó por completo tributándole gritos de ¡torero! a la par de una gran ovación en el tercio.

Séptimo

A pesar de que no iba a haber regalos en el serial, la gente, a petición general, le pidió el regalo a Ponce y este accedió gustoso.

Así que, como séptimo, salió la tercera reserva, de la misma dehesa titular, «Indiano» de nombre, de Los Encinos, soso, pero dejándose, protestado por el público, al que lanceó Ponce bellamente a la verónica y mejor aún quitó por una chicuelina y una verónica. Luego del segundo tercio, se destocaron Fernando García López y Cándido Ruiz. Con la muleta, tras tirarse al ruedo un espontáneo que pegó tres brillantes naturales ante el consentimiento y apapacho de Ponce para, luego él, largar dos brillantes series derechistas al soso encinero. Por naturales, se mostró empeñoso y, después vinieron derechazos a media altura, al más puro estilo de la casa, lleno de ritmo y arte. Serie de molinetes personales, más diestra de calidad, con el fondo, nuevamente de «Las Golondrinas». Sus poncinas a petición general rematadas con pases de bella filigrana entre gritos de ¡torero! Mató de atinada estocada y se le concedieron las orejas para dar una clamorosa vuelta al ruedo con música de mariachi en la arena y teniendo sorpresivamente como cantante a la estrella de nuestra canción Pepe Aguilar, le dedicaron “El Son de La Negra», «El Rey», “Cielito Lindo” y “México lindo y querido”, todo dentro de un espectáculo de luz y sonido que alumbraba una frase en el ruedo que decía “Enrique Ponce hasta siempre”.

Diego Silveti
Tercero

En su primero, «Lironcito», de poca fuerza, pero noble ejemplar, el irapuatense Diego Silveti lanceó bien a pies juntos y mejor se vio un sutil quite por tafalleras. Con la pañosa, comenzó talentosamente doblándose suavemente, rematando con estético desdén. Siguió por derechazos en un par de racimos templados y enclasados. Con la mano izquierda no tuvo la misma suerte por lo que la vereda diestra fue la conducente en otras cuatro tandas de calidad excelsa, mismas en las que fue acortando distancias, metiéndose entre los pitones e intercalando toreros adornos como un cambiado por la espalda en corto. Luego sin valerse del ayudado le aplicó ceñidas joselillinas para abrochar. Mató de certera estocada y cortó dos apéndices.

A su segundo, débil y deslucido, Diego le jugó bien los brazos en lances a la verónica y valiente quitó por gaoneras. Con la tela escarlata, tras brindarle al director técnico de la selección nacional de futbol profesional, Javier «El Vasco» Aguirre, de igual manera, comenzó doblándose para, entonces, darse a la tarea de largar derechazos, pero el toro se la cayó por débil. Aun así, le insistió a media altura y le sacó pases meritorios por ambos lados, sin embargo, el juego del burel hizo que el trasteo decayera a pesar de la gran voluntad de Silveti, quien tuvo sus mejores pasajes con la diestra y metiéndose en terrenos comprometidos. Terminó de pinchazo y estocada para ser aplaudido.

Alejandro Adame
Primero

En el toro que abrió plaza, llamado «Farruco», número 17 y con 493 kilos, muy noble, pero acusando falta de fuerza, el acalitense Alejandro Adame bregó de forma atingente. Vino entonces la ceremonia de confirmación bajo el apadrinamiento de Enrique Ponce y ante la presencia de Diego Silveti. Al natural templó, mandó y dio brillante exposición en dos series. Volvió al perfil siniestro voluntarioso y se lució al hacer el toreo en redondo por ambos perfiles. Manoletinas para cerrar y acabó de estocada trasera y desprendida para obtener una más que merecida oreja.

Sexto

Y en el toro que cerró el festejo, débil y soso, Alejandro veroniqueó artísticamente y de igual manera realizó chicuelinas, además de quitar también por estéticas chicuelinas cuando falló parte del alumbrado de la plaza. Con la manta grana, en los medios, ejecutó un cambiado por la espalda, el de pecho y entusiastas derechazos para continuar un trasteo por el mismo pitón con otra serie bien trazada. Con la izquierda le echó tipo, pero, el astado se le caía. Otra dosis diestra empeñosa, sacando pases uno a uno, pero pudo más la sosería del toro. Le insistió, le piso los terrenos, pero no fue suficiente. Acabó de pinchazo y estocada haciéndose aplaudir.

Crónica: Adiel Armando Bolio – Suerte Matador

Foto: Emilio Méndez – Suerte Matador

Chicuelinas y Tafalleras
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