Santander vive una tarde de contrastes

Santander vive una tarde de contrastes

Morante cuajó una faena extraordinaria al sexto. Marco Pérez resultó herido en el segundo y Aarón Palacio también cortó un trofeo con petición de otro

Ficha

Plaza de toros de Santander. Feria de Santiago. Sexta corrida de toros. Lleno de ‘no hay billetes’. Ejemplares de la divisa de Juan Pedro Domecq, bien presentados y de juego variado.

Morante de la Puebla: Ovación, Silencio y Ovación en el que mató por Marco Pérez.

Marco Pérez: Oreja (Herido).

Aarón Palacio: Ovación y Oreja con petición.

Incidencias

Tras finalizar el paseíllo sonó el himno nacional.

Parte médico de Marco Pérez

Durante la lidia del 2º toro, ha sido ingresado en esta enfermería el torero Marco Pérez con una herida profunda en el muslo derecho.

Se realiza anestesia general balanceada y se explora la herida, que presenta dos trayectorias, superior hacia la cadera e inferior hasta tercio medio del muslo, afectando al músculo aductor y llegando hasta la zona del recto anterior del muslo /cuádriceps.

Se practica lavado, hemostasia, se administra antibiótico (Augmentine) y se colocan drenajes.

El cierre se realiza por planos tras dejar un drenaje.

Pronóstico: Reservado.

Le impiden continuar la lidia.

Morante de la Puebla

Morante dibujó en su primero un recibo a la verónica de auténtica seda al noble jabonero de Juan Pedro Domecq. Todo suave, como el quite por chicuelinas. El animal embistió áspero, apretando siempre hacia dentro y derrotando por el pitón izquierdo. Morante, lejos de desistir, apostó por quedarse en el sitio, exponiendo en cada embroque frente a un animal de escasa entrega. Más de mérito que de lucimiento, la faena fue un ejercicio de compromiso, paciencia y capacidad. Un pinchazo previo a una media estocada bien colocada dejó el premio en una ovación.

El cuarto de la tarde apenas ofreció opciones. Muy vacío por dentro, se fue apagando desde los primeros compases, convirtiendo la faena de Morante de la Puebla en un intento estéril por extraer lo imposible. Apenas pudo dejar algunos detalles de su personal concepto. Abrevió con acierto una estocada eficaz.

Morante de la Puebla mató el sexto de la tarde, toro que le hubiera tocado lidiar a Marco Pérez herido en su primero. Morante demostró en este toro porque es diferente a todos. Recibió al sexto con tres faroles ejecutados a pies juntos que pusieron en pie. Luego llegó un galleo por chicuelinas. La plaza ya era un clamor cuando el sevillano comenzó la faena de muleta sentado en el estribo, en un inicio de enorme personalidad. El toro de Juan Pedro Domecq tuvo clase y encontró enfrente a un Morante inspirado, que lo llevó siempre muy toreado, cincenlando una obra de arte en cada muletazo. Que temple, que inspiración, que belleza. El público entregado  a una faena destinada a quedar en la memoria de la feria. Solo el acero privó al sevillano de un triunfo incontestable. Ovación.

Marco Pérez

Marco Pérez se fue a la puerta de chiqueros para recibir a portagayola al segundo de la tarde. Tras una larga en el tercio, el salmantino inició la faena de muleta de rodillas, por estatuarios, en una declaración de intenciones que levantó al público. El toro exigía técnica y colocación. Marco Pérez respondió con firmeza, inteligencia y una entrega absoluta, construyendo los pasajes de mayor emoción sobre la mano derecha, donde consiguió ligar las series de mayor profundidad. Se tiró a matar con rectitud, sin rectificar, quedando prendido por el pitón y resultando herido en el muslo derecho. El público pidió las dos orejas. El presidente solo concedió una, desatando una sonora bronca al palco.

Aarón Palacio

Aarón Palacio recibió al tercero por faroles, el de Juan Pedro Domecq, no tuvo clase y entrega. El maño nunca renunció al buen toreo. Con paciencia y buen concepto trató de conducir una embestida deslucida, encontrando algunos naturales de notable calidad que dejaron entrever lo que pudo haber sido con un toro de mayor condición. La faena, sin embargo, nunca terminó de romper por la escasa colaboración del astado. Desacertado con la espada.

En el quinto Aarón Palacio se fue a la puerta de chiqueros para recibir al quinto a portagayola, donde el toro casi lo arrolla y tuvo que echar el cuerpo a tierra. Firmó un recibo a la verónica sensacional,  ralentizando la embestida. Galleo por chicuelinas y un ajustado quite por gaoneras. En la muleta Palacio cuajó al de Juanpedro, un toro con calidad.  Siempre templado, muy asentado, fue construyendo una faena de gran calado. Lo mejor llegó por el pitón derecho. Muy templado toro. El epílogo, por estatuarios y con ajustados muletazos hacia dentro. La plaza entregada. Estocada y oreja, con fuerte petición de la segunda. El presidente volvió a negar el segundo trofeo, provocando una sonora bronca al palco. Palacio, obligado por la insistencia de los tendidos, dio dos vueltas al ruedo tras una de las actuaciones más importantes de la feria.

Galería de fotos

 

 

Chicuelinas y Tafalleras
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